domingo, 26 de agosto de 2007

el fin...


Me voy, Madre, es mi hora... cuando en la oscuridad clareante de la madrugada solitaria tiendas tus brazos buscando a tu niño por tu cama, te diré: "El niño ya no está"...
Madre, me voy.
Me convertiré en un aire delicado para acariciarte; seré las onditas del agua cuando te b añes, y te besaré y te besaré sin descanso.
En las noches de huracán, cuando la lluvia rumoree en las hojas, oirás desde dtu cama mi susurro, y mi risa brillará con el relámpago por tu ventana abierta.
Si, pensando en tu niño, te pasas las horas de la noche desvelada, yo te cantaré desde las estrellas "duerme, madre, duerme". Vendré en el rayo de la luna y me posaré suavemente en tu cama y me echaré en tu pecho mientras duermes...
Me haré un ensueño y por las aberturas de tus párpados me hundiré en lo más hondo de tu descanso; y cuando te despiertes sobresaltada y mires alrededor, saldré volando con un temblor de mariposa a la oscuridad.
En la fiesta grande, cuando vengan a jugar a casa los niños del vecino, fluiré yo derretido en la música de la fiesta y latiré todo el día en tu corazón.
Tía traerá regalos de la feria, y preguntará: "Y el niño, hermana, donde esta?
Madre, y tu le dirás dulcemente:
"Está en las niñas de mis ojos, esta en mi cuerpo, está en mi alma..."
RABRINDANATH TAGORE.

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