jueves, 23 de agosto de 2007


Mis cuadernos de primaria, y los de mis condiscipulos y contemporàneos, supongo, estaban llenos de revisados ( el clàsico "garabato colorado") y calificaciones en tinta o crayon rojo. Era la manera en que los maestros fijaban nuestra atenciòn hacia la importancia de el trabajo terminado, y la calificaciòn, que provocaba en casi todos el deseo por obtener una nota mas alta, y el reconocimiento de nuestros maestros y padres.

He estado revisando los cuadernos de mis hijos, y he encontrado revisados y calificaciones hechos con boligrafo y en color azul o negro. A mi parecer no se miran tan apremiantes como el rojo, y no te provocan el sentimiento de querer obtener otro diez o una nota mas alta a la que obtuviste. Los maestros dicen que es porque el color rojo "altera" a los niños y que el sentimiento de competitividad los hace agresivos. De hecho tengo entendido que en algunas instituciones de Estados Unidos han prohibido el uso de tinta roja para anotaciones, observaciones de los maestros y solamente revisan sin imponer una calificaciòn.

Luego, a finales del curso del año pasado, recibì una invitaciòn de la escuela para presentarme a la "entrega de diplomas". No pude asistir, pero mi hermana, cuyas hijas estudian en la misma escuela que los mios, si fuè.
La "entrega de diplomas" consistia en que a TODOS los niños les entregaron diplomas, por buena conducta, por uniforme, por pulcritud, por asistencia,y por todo lo que se puedan imaginar que se le puede dar un diploma aun niño en la escuela. Entonces, si les dan un reconocimiento por no ESFORZARSE, no es lògico que dejaràmn de hacerlo si de todas formas los van a premiar?
Mi hija Luared dibuja muy bien, y yo alababa efusivamente cada dibujo que ella hacia. Y ella continuaba hacièndome dibujos. Aunuqe comence a notar que ya noeran de la calidad que al principio. Luego un dia, hizo un dibujo con un circulo y unos trazos rectos y dijo: "Mira, mamita, eres ù, esta muy bonito verdad?
Habia dejado de esforzarse porque yo alababa todos sus dibujos, sin retarla a que lograra mas de si misma.
En nuestro afan por ofrecerles a los niños las condiciones para que tengan una infancia maravillosa y se sientan felices, seguros y exitosos, muchos padres y maestros se van a los extremos. Decididos a hacer cualquier cosa (lo que sea) con tal de que nuestros hijos tengan una vida mejor, muchos padres caen en el engaño de que se puede crear una infancia perfecta. Creen con fervor en el mito de que la autoestima de un niño depende de que jamás sufra la más mínima adversidad, frustración o contratiempo.
Pero contra lo que piensan muchos padres y maestros, esa manera de criar a los niños --tratar de evitar a toda costa que sufran--, causa más daño que beneficio. Todos los padres amamos con locura a nuestros hijos, pero cuando los idolatramos --e idealizamos-- no les hacemos ningún favor. De hecho, estas buenas intenciones suelen tener justo el efecto contrario.
Los niños no pueden descubrir sus potencialidades ni sentirse satisfechos de sus logros si les prodigamos elogios falsos que sólo les inflan el ego y les impiden tomar conciencia real de lo que son y lo que pueden hacer.
Hay firmes pruebas científicas de que los elogios inmerecidos pueden ser perjudiciales a la larga, sobre todo para los adolescentes ingenuos e influenciables.
Los errores son experiencias que preparan a los niños para el futuro.Cuando los padres acuden al rescate de un niño y hacen las cosas por él, el mensaje que le transmiten es éste: 'No creemos que seas capaz de resolver las cosas. No estamos seguros de que puedas salir adelante solo'". Para tener una vida plena y ser competentes en la edad adulta, los niños necesitan la libertad de cometer errores con más frecuencia. Sólo así aprenderán a triunfar.
Cuando no hay respuestas erróneas y cuando la disciplina y el esfuerzo parecen relativos, ¿para qué molestarse en estudiar?
los niños necesitan ser capaces de evaluar sus fuerzas y debilidades a fin de mejorar su desempeño. Para ello, requieren comentarios claros y aliento realista por parte de los adultos a quienes respetan.
La supervivencia humana siempre ha dependido de la información que recibimos del entorno en respuesta a nuestras acciones . Cuando estamos haciendo mal las cosas nuestro cerebro se da cuenta de inmediato "y envía un alud de advertencias: 'Esfuérzate más', 'Haz otro plan' o 'Detente, estás cometiendo un error'". Literalmente, no podemos engañarnos (ni dejar que nos engañen) y creer que todo está bien cuando no lo está. Así que "los niños no obtienen ningún provecho cuando se les dora la píldora-
Según los expertos los niños cuando no realizan bien algo, no tardan mucho en darse cuenta.Sin embargo, cuando un padre interviene, la conciencia que el niño tiene de sí mismo se altera y esto le impide percatarse de sus fallas y sus limitaciones.
En vez de intervenir de manera inmediata, los padres deberían esperar y mantenerse atentos a las pistas que los niños dan cuando requieren ayuda. . Como adultos, nuestro trabajo más bien consiste en asegurarnos de que los niños sepan que esperamos que se esfuercen y alcancen metas.
Pero en cambio les decoramos sus cuartos a su gusto, les compramos juguetes educativos, los inscribimos en las mejores escuelas y los afiliamos a equipos de futbol a la edad de cuatro años. Aprovechando toda oportunidad para fortalecer la autoestima de nuestros hijos y los elogiamos por lo listos, competitivos y talentosos que son, y ellos, naturalmente, se lo creen.
El mayor perjuicio para los hijos es tratar de evitar que dejen el nido y negarles la dicha de aprender a volar con sus propias alas. Los niños de antes andabamos siempre con niños, y los adultos, con otros adultos. La educación de los niños normalmente se dejaba a los maestros, y nuestros padres no se preocupaban tanto por si éramos felices; se preocupaban por su propia felicidad. Muchos niños trabajaban medio tiempo para ayudar con los gastos, y tanto padres como hijos daban por hecho que en cuanto un joven se graduara del bachillerato o de la universidad y consiguiera un empleo, se volvería económicamente autosuficiente.
los padres de hoy se afanan mucho en hacer que sus hijos se sientan bien, pero se olvidan de enseñarles a ser buenas personas. Un rasgo distintivo de los niños que reciben demasiado es la falta de interés por los demás y una clara tendencia al egoísmo. Los niños consentidos suelen ser malos compañeros en la escuela y pésimos esposos.
Los niños descubren sus capacidades y limitaciones a base de intentos, de éxitos y fracasos, y aprenden a desarrollar la invaluable habilidad de sobreponerse a los inevitables reveses de la vida. La sobreprotección de los padres de hoy muy a menudo los priva de la oportunidad de poner a prueba su potencial.
Gran parte de la vitalidad con que una persona llega a la edad adulta depende de que haya pasado su infancia aprendiendo, luchando por alcanzar lo que desea y viendo que sus padres hacen lo mismo. En muchos casos, el principal mensaje de la voz interna es Yo puedo hacerlo. Lo voy a intentar. Los padres arman ese andamiaje de optimismo en sus hijos cuando exteriorizan ante ellos sus pensamientos positivos y demuestran en su presencia sus estrategias cotidianas.
Cuando los niños estan haciendo la tarea es preferible estar presentes pero no atosigarlos ni hacerla nosotros. Hay que verlo y mirar hasta donde pueden llegar solos. Yo procuro decirles que lo resuelvan ellos y si me dicen qeu no pueden los conmino a seguir. Les explico cuando no entienden algo, y les muestro ejemplos, pero NUNCA les ayudo ni hago la tarea yo. Tambien es recomendable saber que expectativas del futuro tienen nuestros hijos, que es lo que desean estudiar y apoyarlos, para hacerles ver que lo que desean es factible de lograrse, en el proceso de crecimiento cambiaràn de idea muchas veces pero eso es parte de el proceso de maduracion. Y saber que es a lo que quieren dedicarse de adultos, nos ayuda tambien para mostrarles lo que deben aprender en el contexto de lo que desean lograr.
De esta manera, nuestros hijos recibiràn atención, comprensión, apoyo y el mejor regalo de la infancia: la oportunidad de ser ellos mismos.

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