miércoles, 24 de octubre de 2007

Morir


Se había quedado plácidamente dormida por primera vez en varios dias. Se había sentido débil y desde la noche anterior casi no podia moverse. Mientras dormía ella sintió de pronto una dolorosa opresión en el pecho y en la espalda. Aquel dolor desapareció como había llegado, pero entonces volvio con mas fuerza e intensidad.
La oscuridad la envolvia completamente y sentiía aquella opresión ahora como si aplastara su cabeza.
Luego sintió vértigo, como si su cuerpo cayera por un pozo profundo y sin fondo. Estaba aterrorizada, no sabia que estaba sucediendo, queria gritar, pedir ayuda, pero ni un sonido salia de sus labios.
Entonces, vió algo que parecía ser un túnel y al final de este había una luz intensa y penetrante que parecia ser el final del tunel. Se desesperó el miedo se acrecentó y trató nuevamente de gritar, de resistirse, de que no sucediera lo que pensaba que estaba acercandose:
El final de su vida.

¿Así se sentirá morir?-pensó con angustia.
Quiso retroceder, pero no habia marcha atrás- Asi que avanzó lentamente hacia la luz. Mientras recorria el oscuro túnel, creyó escuchar voces y gritos, amortiguados y como distantes, como en sueños...
Su corazón se lleno de una tristeza infinita pensando en lo que dejaba atrás, sin embargo, en ese momento la asaltó la certeza de que todo estaría bien allá sin ella. No tenía que preocuparse mas por lo que quedaba allá.
No obstante, lo que mas la angustiaba no eran las voces-¿conocidas?- que escuchaba, sino los latidos del corazón aquel que fielmente la habia acompañado todo el tiempo, que sentía se debilitaban y parecían desvanecerse.
Comenzó a sufrir frío, que se incrementaba conforme avanzaba. Los rítmicos latidos apenas se escuchaban ya. La vida la estaba abandonando. Mejor dicho, ella estaba abandonando la vida.
Cuando, por fin, traspasó el umbral de luz, los latidos del corazón dejarond e escucharse por completo.
Tuvo entonces una sensación desconocida y agradabilisima de libertad, como si de pronto pudiera moverse sin dificultad. Respiraba con facilidad, no se sentía enferma, ni débil, al contrario. No sentía ya ningún dolor.
La sensación de bienestar se unió a una paz relajante y armoniosa. Todo era luminoso, un gran alivio la invadió pues comprendió que su vida no habia terminado, sino que solo habia llegado a un nuevo mundo.

Miró acercarse una siluta primero difusa, luego su mirada se centró en unos ojos que la observaban con infinita ternura. Aquel hombre moreno que la esperaba, tenía sus brazos abiertos y extendidos para recibirla.

-Fué una niña Catarino- dijo la comadrona, mientras se acercaba a la mujer que yacía recostada en el petate, dirigiéndose al hombre a su lado.-¿Como la van a llamar?

-Yolanda... mi Yolita- contestó catarino, y tomó en brazos a su hija recién nacida.

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