miércoles, 1 de agosto de 2007

NOCHE INTERMINABLE... un relato extraño...


Todo lo que pasaba por mi cabeza es que debía haber algún maldito lugar en mi ropa donde hubiera puesto los cerillos. Los cerillos. Cuando mama decía que el cigarro me iba a matar en complicidad de los cerillos, solía contestarle con alguna palabrota, acompañada con el usual “de algo me había de morir”, y pues como dicen por ahí, vámonos haciendo menos, y yo ya casi me hago menos, aunque la muerte no llego cuando yo creía, sino en pequeñas dosis, de poco en poco, en forma de la maldita diabetes que ya se llevo mis dos piernas, y uno de mis riñones. Y si se lleva mis pulmones que importa. Mi cuerpo se ha estado muriendo en pedacitos, porque mi condenada alma ya esa pertenece al infierno desde mucho antes que supiera hablar. Yo lo sabia, pero todo se me confirmo la noche de los infortunios, que como esta, era fría, aunque mucho mas oscura.

Para eso quería yo los cerillos. Caminando en la oscuridad de mi pueblo polvoriento, y lleno de nogales, noche cerrada y sin luna, regresando de la borrachera de costumbre. Buscando los cerillos. Condenados cerillos, como se me esconden. Antes de irme a de donde venia, había tenido un pleito de aquellos con mi mama. Siempre quiso controlarme y nunca lo logro, y mas bien yo contribuí a que desde hace mas de 40 años, permanezca olvidada en alguna tumba del cementerio que nunca me he dignado conocer. Pa, que?. Ahí no hay nada. El caso de todo esto es que todos me decían: Albino, te vas a condenar, que mira que te vas ir al infierno, que se te va a aparecer el chamuco. Tonterías¡, aquí el único diablo soy yo. Y me salía riendo de mi casa como la noche susodicha de los cerillos.

Pues venia pues, como decía antes , caminando por la calle abasolo, hasta arriba, allá por donde comienza en la guerrero, mi casa estaba donde la calle terminaba en el rio, que entonces todavía era profundo y se tragaba a los que se confiaban de el. Había nogales a ambos lados del camino, que como guardianes alzaban sus garras desnudas al cielo… había pocas casas, casi todas de adobe y algunos jacales…eran los cincuenta y yo era un jovenzuelo sin oficio ni beneficio, que venia de bailar y divertirse después de haber golpeado a su mama.. No había luna, y como era allá por octubre, el suelo, terroso, estaba tapizado de hojas secas, y el cielo de ramas de árbol desnudas, como manos huesudas con uñas largas, arañando el cielo.

Nunca he sido miedoso verdad de dios que no, no era miedo lo que tenia, pero caminaba despacio, buscando los cerillos para prender el mendigo cigarro, y de tanto en tanto me parecía escuchar pasos amortiguados por las hojas,. Bajaba la cabeza buscando en mis bolsillos, y me parecía con el rabillo del ojo ver sombras deslizándose de árbol en árbol, como escondiéndose. Algo me cuchicheaba cerca del oído y me enchinaba el cuerito de la nuca. Camine más de prisa, no porque tuviera miedo más bien porque había escuchado que habían robado a algunos cristianos muy tarde por la noche, y pos yo iba solo, y nunca andaba armado. Era pura precaución. Los cerillos no aparecían y el cigarro en mis labios se humedecía.

Era mi imaginación o hacia mas frío?. Tal vez si, porque del rio comenzó a levantarse una bruma, una neblina, que era normal en aquella época del año, pero con mi estado de animo aumentaba mi nerviosismo. La niebla avanzaba desde el rio tragándose a su paso las formas conocidas.

La calle me parecía larga, y por mas rápido que caminara parecìa como si no avanzara, y de pronto sentí con certeza pasos detrás de mi. Mi corazón, rebotaba en el pecho y parecía querer salirse.

No soy cobarde, como dije pero tampoco es la de ahí, andarse arriesgando nomás porque si, así que acelere mas el paso. Los pasos detrás de mi arreciaron también. Las hojas crujían , las sombras avanzaban.

Iba a comenzar a correr cuando me freno una figura ante mi. Trate de esquivarla pero era tarde. Estaba frente a el. Suspire aliviado al ver que era algún otro trasnochado como yo, y para disimular, recordando que traía el cigarro en la boca todavía, le dije: No trae un cerillo, compa?...El fulano, que traía un sombrero y vestìa gabardina larga, y al cual no podía ver mas que la silueta porque la noche era oscura y brumosa y yo ya de por si era miope, metió su mano al abrigo, y saco un encendedor. ¡Que lujo¡ un encendedor, señores. Este tipo es de dinero, me dije. Lo encendió y acerco a mi cara para encender el cigarro, y entonces lo vi.

La mano que sostenía el encendedor , era mas bien una garra, con uñas largas, filosas, como las de un animal, y pelo hirsuto y negro, mi cigarro cayo, retrocedí, aterrorizado, y entonces la luz del encendedor ilumino a una criatura con ojos rojos encendidos, una sonrisa horrible, causa de que desde entonces tenga insomnio todas las noches. De su frente sobresalían dos cuernos enormes, como de chivo, que se enroscaban y apuntaban al cielo, sus dientes amarillos, en aquella boca negra como la vida que he llevado, tenían manchas rojas, como de sangre,. Soltó el encendedor que alcanzo a iluminar dos patas deformes, una de las cuales parecía como de gallo, y la otra era , adivinaron, de chivo.

Corrí. despavorido, y sentí detrás mío, como un aleteo, pero no quise pararme a averiguar, corrí a todo lo que daban mis piernas. En lugar de avanzar parecía que me alejaba cada vez mas de mi casa de mi hogar, de mi madre. Mi madre, que yacía muerta, tendida mientras yo me divertía, mi madre que fue mi ultima condena, mi madre que ya no abriría la puerta para que yo pudiera escapar de aquello que no sabia yo que era, porque según yo ahí el único diablo era yo.

. Sentía ya el aliento de aquella cosa atrás mío, arriba de mi, casi sus uñas arrancando mis carnes, casi llevándose mi riñón, casi cortando mis piernas, cuando llegue a la puerta de mi casa.. y comencé a aporrearla con los puños, gritando, sintiendo como el aleteo se acercaba, como su sombra me cubría, sentí algo en el hombro… y caí desmayado….

Mi padre llegaba de trabajar, venia cruzando el rio cuando me vio mientras corría y luego golpeaba la puerta. Era quien me había tomado del hombro….y el jura que miro una sombra que se cernía sobre mi y luego desaparecía….

Nunca he tenido miedo como el de aquella noche… pero ahora ya no tengo miedo aunque se que al lugar oscuro al que voy, mi padre ya no va a salvarme de aquel ser que entonces me auguraba la muerte en gotas que he sufrido, y que me espera en un lugar mucho mas oscuro y tenebroso que el de aquella noche….en la cual estoy sumergido desde entonces y que ahora se, nunca terminara….

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