viernes, 14 de enero de 2011

Hasta el final


El dia que nacio mi hija Luared firme una autorización para que se me practicara una operación para ya no tener familia. Totalmente confiada en el hecho de que la operación se realizo con éxito, no me parecio especialmente extraño cuando mi visitante mensual se ausento uno, dos, tres meses. Lo que si me inquieto fue el aumento de peso que sufri, y una recurrente infeccion urinaria autodiagnosticada que me aquejo por dos meses.
Es bien sabido que navego por la vida con mi bandera de distraida, asi que no fue particularmente raro cuando en el hospital me dijeron que tenia ya cuatro meses de embarazo. O es deja vu, o como lo recuerdo, eso me sucedió en TOOODOS mis embarazos. En realidad, vivi los cinco meses restantes de gestacion sin creerlo todavía, aun cuando mi vientre alcanzo en el ultimo mes dimensiones elefantiasicas.
Yo juraba que tendria gemelos o que mi hijo naceria siendo ya adolescente.
Por lo demas como dije, no tenia aun la conciencia de que iba a tener un bebe, pero en ocasiones, cuando mi ya proverbial paranoia de gestacion me atacaba, imaginaba que dentro de mi en lugar de un bebe tenia un pequeño monstruo, como el de Aliens que emerge de repente entre sangre y viceras del vientre de aquel hombre, matandolo.
Y que eso pasaria conmigo tambien.
Aquello era terrible.
Cuando llego el momento del nacimiento, me ingresaron en el hospital pues estaba programada para mi cuarta cesarea. Fue realmente gratificante escuchar a los medicos discutir acerca de mi, echando volados a ver quien se atrevia a operarme, porque era un embarazo de alto riesgo: Jamas acudi a consulta prenatal, tenia preeclampsia, era mi cuarta cesarea y era muy gorda.
Asi estuvieron “aventandose la pelota” (literalmente) de turno en turno, hasta que, injertada de la niña del exorcista poseida por pazuzu, les grite que el que fuera, que ya me operaran o tomaria un escalpelo y me operaba yo misma. Se habia cumplido el periodo de gestacion hacia ya una semana, y yo estaba segura que el parto se me habia pasado y mi bebe estaba muriendo, si no lo estaba ya.
De inmediato me prepararon para la operación. Lo que los convencio no fue ni mi amenaza ni mis gritos, sino que en ese momento pasaba por ahí el director del hospital y se entero de todo. Que oportuno.
Cuando, en la mesa de operaciones me anestesiaron parcialmente para realizar la cesarea, no me hacia muchas ilusiones de que todo saliera bien.
Tal vez seria por los nervios que tenia o la fuerte descarga de adrenalina sufrida al enfadarme, pero lo cierto fue que cuando el doctor comenzo a cortar, senti algo de dolor.
Luego, según el abria mas la herida, comence a tener mas sensibilidad en el area que se supone deberia estar dormida. Cuando ya todas las capas de piel y estaban abiertas, comenzo a cortar la pared uterina. Y entonces un dolor horrible, impensable, comenzo a invadirme. SENTIA cada corte, me estaba cortando y la anestesia se habia ido. Comence a gritar que sentia todo, que me dolia mucho. El doctor me dijo indulgentemente que era mi imaginación, que estaba nerviosa, que lo que yo sentia era solo como un leve roce en la piel. Pero no era asi. El dolor era inenarrable.
Comence a gritar a todo pulmon por el dolor y entonces ellos me creyeron, apurados comenzaron a empujar al bebe por el orificio abierto.
Debido a que era la cuarta cesarea, no habian cortado sobre la herida de las otras operaciones, sino un poco mas abajo, en una abertura mas bien pequeña y habia que empujar al bebe hacia ahí, y sacarlo por fuerza. Todo aquel movimiento incementaba el horrible dolor, yo gritaba histerica, y ellos no podian dormirme por miedo a dañar al bebe. Aquella agonia parecio durar una eternidad, Cuando, por fin el bebe salio, y a pesar del dolor que sentia, note que no lloraba. Pense: Nacio muerto. Y comence a llorar y gritar mas fuerte.
Entonces, como una bendicion, la anestesia que me habian aplicado ya para entonces, surtio efecto y todo el dolor se fue. Pregunte porque no lloraba mi bebe y en eso escuche su grito.
- Es un niño. – me dijo una doctora.
Medio dormida ya, pregunte:
- Quien?
Lo ultimo que vi antes de caer en un bendito sueño, fue a mi pequeño hijo, cuando lo colocaron junto a mi en la camilla.
Al despertar, estaba en un pasillo del hospital, recostada en una camilla, con mi bebe a un lado. Hacia mucho frio, era enero, y vi con preocupación que mi bebe estaba de un color algo azulado. Lo habian dejado junto a mi, desnudo, y yo solamente tenia encima la bata del hospital. No habia nadie a la vista, ni enfermeros, ni doctores a quienes pedirles una manta para taparlo. Estaba segura que mi bebe tenia aun mas frio que yo, aunque no temblaba, ya que los bebes no pueden hacerlo aun, asi que olvidandome del pudor y de mi vergüenza, desate mi bata de la parte de atrás y con ella, cubri a mi bebe.
Asi estuvimos un largo rato, hasta que acerto a pasar por ahí un enfermero que se compadecio de nosotros y nos cubrio con una manta.
Aquel bebe uno que no esperaba, se convirtió desde ese momento para mi en algo muy especial por todas las circunstancias que rodearon su nacimiento. Cuando, ya en la cama de mi habitación del hospital lo observe mas detenidamente, me di cuenta que tenia una porcion de piel sobre su nariz de color morado con puntos azules. El niño tenia ademas un aspecto raro, yo estaba segura que algo estaba mal, que tal vez habria quedado con retraso mental por haber nacido tanto tiempo después de su fecha prevista, o que tal vez tendria síndrome de Down. Estos pensamientos me entristecieron, pero ya habia formado un vinculo muy fuerte con el bebe, y sentia una gran ternura y apego a el.
Yo no sabia que mis familiares estaban en la sala de espera porque tardaron tres horas en avisarles que ya habia dado a luz, asi que estuvimos solitos todo ese tiempo. Cuando por fin les avisaron y subieron a verme, le dije a mi compañero: Mira, es niño.
El me miro, miro al bebe con extrañeza, medio sonrio y ya no dijo nada. Que elocuencia y efusividad. Los demas miraban al pequeño bultito junto a mi con reserva, como si fuera muy raro, me di cuenta que ellos pensaban lo mismo que yo y trataban de disimular. Mi papa dijo que estaba muy feito. Mi hermana dijo que era raro. Solo mi hermana Blanca comenzo a hacerle cariños, lo cargo y dijo que era muy bonito y guerito.
Mi compañero se quedo conmigo durante la noche. La habitación en que me habian colocado era compartida con otras dos pacientes. Las camas estaban alineadas en la pared, divididas por una cortina tipo persiana corrediza. Yo estaba en la cama de en medio, la cama que daba a la puerta de entrada de la habitación estaba aun vacia, y la de el lado de la ventana fue ocupada por una mujer que como yo acababa de dar a luz. La cortina entre su cama y la mia se habia roto y la retiraron, asi que mi cuasiprivacidad se esfumo. Debido a todo lo que me lastimaron durante la operación al tratar de sacar al bebe pronto, estaba sufriendo unos dolores atroces, ademas de los normales de postparto, tanto asi que la medicina fortisima que me dieron para aminorarlos, no me servia casi de nada. Lloraba de dolor. Me sentia adolorida, avergonzada por no poder sufrir en privado. Aquella mujer junto a mi recibio visitas toda la madrugada y estaban ahí todos sus familiares enterandose de mi dolor. No era idea mia. No disimulaban su curiosidad, miraban sin vergüenza, le hacian platica a mi compañero. Aquella mujer no parecia que acabara de dar a luz sino que venia de una fiesta. Hablaba y hablaba y me preguntaba cosas y yo me volteaba porque me dolia muchisimo y no tenia ganas de hablar con nadie menos con una desconocida. Trate de ignorarla y a pesar del dolor le empece a platicar a mi compañero todo lo que habia pasado durante la operación, el dolor y el miedo que tuve, trate de contarselo porque todavía estaba angustiada, adolorida y esperaba un poco de empatia de su parte. pero el me dijo que no estaba para oir mis dramas, que era una escandalosa y no me quejara de todo. Me ignoro por completo tambien cuando le dije que no soportaba el dolor que fuera a pedir algo para calmarmelo. No lo hizo.
Entonces la comunicativa mujer al lado, comenzo a platicarle a mi compañero con lujo de detalles todo su parto. El la escuchaba con atención, y a mi me dio rabia como hacia caso a aquella desconocida y a mi no me quiso escuchar. Estaba tan adolorida, sentida y furiosa. Todo el resto de la noche la pasaron platicando y yo, llorando, mientras como podia acomodaba al bebe para amamantarlo. Yo estaba harta, fastidiada furiosa.
Un rato después de amanecer llegaron mas familiares de la vecina, y una de sus hermanas llevo varias docenas de tacos de olla para desayunar. El olor de la cebolla y el aceite me dieron un asco horrible y tuve que vomitar, entre los horribles dolores causados por el esfuerzo. Apenas me habia vuelto a recostar cuando le ofrecieron tacos a mi compañero. Me dio un nuevo acceso de nauseas, y le tome la mano a el para que
me ayudara a levantarme para vomitar. Pero estaba distraido diciendo que no queria tacos, que gracias. Insistieron que tomara solo uno. El se negaba sonriendo, y no me miraba por mas que trataba de llamar su atencion. Por fin, completamente fuera de mi, voltee y les grite a aquellas mujeres que el no queria que lo dejaran en paz y que por favor, dejaran de hablar porque no estaban en sala privada y molestaban a la gente, que no nos interesaba su vida. Que se callaran por favor.
Y al fin, reino la paz en aquella habitación. Mi compañero me miro con desaprobación y me dijo que era una mal educada. Y QUE TAN BIEN EDUCADA TIENES QUE SER PARA AGUANTAR TANTO DOLOR DESCONSIDERACION E INDIFERENCIA SIN PROTESTAR?
Era como si el no estuviera ahí, se supone que se habia quedado para ayudarme en lo que necesitara y jamas lo hizo, se dedico a viborear con las vecinas, casi parecia el esposo de ella y no el mio.
Ahora pienso como ciertos detalles parecen intrascendentes, parecen anecdotas en tu vida que no tienen mella en tus sentimientos o en la forma en la que miras a las personas, pero con el filtro del tiempo te das cuenta que fue el momento critico. El punto de crisis. Parece ser que decides idealizar a alquien e ignorar todas las ocasiones en que estuvo contigo, si, pero en realidad no lo estuvo, solo fisicamente. Esta pequeña situación en mi vida de pareja, fue la que marco el principio de una serie de eventos y situaciones que nos llevarian a donde estamos hoy. Pense mucho acerca de todo lo que sucedió ese dia. Me senti triste y profundamente herida porque el no estaba para mi por mas que lo dijera. Siempre habia otra persona, hasta alguien a quien no conocia que merecia mas cortesía o consideración de su parte. Yo era su esposa. Pero parecia que en realidad nunca lo fui. Nunca fui en realidad esa persona por quien el hacia todo, o dejaba lo que fuera, como decia.
Hace casi diez años que sucedió todo esto. Hace casi diez años que poco a poco, minuto a minuto, cada accion y palabra nos llevaron aquí. Lejos. Separados definitivamente. Soy para el una desconocida, dice. Pero en realidad eso yo ya lo sabia. Nunca fui ELLA. Se encargo de demostrarmelo cada vez. Pero no importa porque gracias a dios, SOY YO. Eso es suficiente para mi. Mi bebe, mi niño hermoso cumple en estos dias 10 años. Por el y por mis hijos, no me arrepiento de nada. Agradezco tanto tenerlos conmigo, que cumpla junto a mi un año mas, mi niño tan especial, mi Yuyo. Todavía en los dias como hoy frios y humedos, sobre su frente se forma un hematoma morado con puntos azules. Es por el frio, según se ahora. Es una marca fea, rara, pero que a mi me recuerda el fuerte vinculo que tengo con mi pequeño regalo inesperado. Quien si estara conmigo, incondicionalmente, hasta el final.

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