lunes, 20 de agosto de 2007

Esperar...


Te extraño Javier. Extraño esas noches en que nos desvelàbamos platicando de mil cosas, extraño tu mirada atenta, tu curiosidad y tu admiración. No la merezco pero la acepto. Extraño mucho tus respuestas ironicas como cuando te pregunto “¿Ya llegaste?”, y me contestas: “No, soy un holograma, todavía no he llegado”.
Extraño que me acompañes a jugar Silent Hill, y que me regañes cuando pienso que se ciclò el juego porque la pantalla se ve negra, y me digas condescendientemente “Enciende la làmpara, mami”.
Recuerdo con mucho cariño cuando le decìas a la gente que yo me sabia todas las canciones y los cuentos del mundo.
A veces, me pongo a pensar en las ocasiones en que llegaba del trabajo y la Universidad nocturna, ya muy tarde y tu me esperabas despierto para acompañarme y que te contara un cuento. Miraba desde el camino la casa con la ventana iluminada y tu figura recortada a contraluz. Solo, esperando que llegara.
Se que vas a lograr muchas cosas importantes en tu vida porque eres inteligente, sensible, y maduro para tu edad. A veces mas maduro que yo.
Aunque no este muchas veces presente contigo fisicamente sabes que cuentas con todo mi apoyo, que te amo con todo mi corazón, y que te admiro.
Mi vida ha sido mucho mejor desde que tu estas en ella y jamas en la vida cambiarìa las decisiones que tomè y que me llevaron a que ahora estès conmigo, adornando mi vida con tu sola presencia.
Ahora estas pasando por un periodo de cambio, tienes otros amigos y tal vez otros intereses. Tal vez ya no me consideres tan inteligente, o ya no te interese mi conversación, o tal vez se te cayò la venda de los ojos y me veas como en realidad soy.
Te extraño mucho, Javier. Extraño tu risa, tus juegos, y hasta tus enojos.
A pesar de que te veo todos los dias, te extraño. Pero aunque ya no quieras platicar conmigo aquí voy a estar cuando decidas volver, porque siempre vas a ser mi hijo, el hijo de mi vida, de mi corazón.

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