viernes, 30 de noviembre de 2007

Las estaciones


Vi a aquella mujer por primera vez en la Notaria Pública en que yo trabajaba. Estaba cuidadosamente peinada, muy arreglada, perfectamente maquillada, pero su expresión y el arco de las cejas en su rostro, me hacían recelar de ella, e instintivamente la clasifiqué: no me caia bien.
Resulta que iba a buscar empleo y la contrataron, asi que se convirtió en una mas de mis compañeras. Pense: "Aqui comienzan las dificultades". Porque me daba la impresion que ella tenia un carácter fuerte. Cuando se presentó conmigo, su dulce y armoniosa voz me difuminó la imagen anterior, perversa y maliciosa, que habia creado en mi mente.
Luego, con el paso del tiempo y contra mis propios pronósticos, nos convertimos en mejores amigas. Era una persona dulce, agradable, hogareña, amorosa, que cocinaba divinamente y era leal como ninguna.
A pesar de que en ese tiempo yo era muy joven aun, pienso ahora, que creo que la madurez me ha dado un poco mas de sensatez, que juzgaba con demasiada facilidad. pero era la etapa de mi vida en que aun no sabia lo que ahora sé, que no debemos juzgar a las personas por sus actitudes o por su aspecto, porque no sabemos que carga han llevado a cuestas y nosotros jamas hemos llevado la suya particular. Si no te sucede algo es imposible que sepas que hubieras hecho tu en ese supuesto.
Así, recordé un relato que me contó un amigo que ilustra lo que trato de decir:
Habia un hombre que tenía cuatro hijos. El quería que ellos aprendieran a no juzgar arbitraria y precozmente. Asi que envió a cada uno por turnos a ver un gran peral que estaba a una distancia lejana de su casa,
El primero de los hijos fue a ver el árbol en invierno, el segundo en primavera, el tercero en verano y el hijo mas joven en otoño.
Cuando todos hubieron ido y regresado los reunió y les preguntó a cada uno que les había parecido el árbol, esto contestaron:
El primero dijo que el árbol estaba horrible, doblado, torcido, y seco, que no tenía remedio y lo mejor era cortarlo..
El segundo dijo que no, que éste estaba lleno de brotes verdes y de promesas.
El tercero no estuvo de acuerdo con los anteriores, y comentó que estaba cargado de flores, que tenia un aroma dulcisimo y que se veia muy hermoso, que era lo mas bello que habia visto jamás.
El cuarto hijo no estuvo de acuerdo con ninguno de los anteriores, y dijo que el árbol estaba maduro y marchitándose de tanto fruto, lleno de vida y satisfacción.

El padre les dijo que todos tenian razon, y les explico que la tenian porque cada uno de ellos no habia visto sino solo una de las estaciones de vida del árbol.
Que no deben juzgar a un árbol, a una persona o a la vida, por solo una de sus temporadas, y que la esencia de lo que son, el regocijo, el amor que esta aunado a la vida solo puede medirse al final del camino, cuando ya todas las estaciones han pasado.
Dijo al hijo que lo habia visto en invierno, que el arbol aparentaba estar seco, pero en realidad tenia su vida latente dentro de el, y es por eso que no es bueno cortar arboles en invierno, ni tomar decisiones en tiempos difíciles. Si en la epoca de invierno te das por vencido, perderás la promesa de la primavera, la belleza del verano, y la satisfaccion del otoño.
Por eso tambien si conoces a una persona que te da una impresion mala por su aspecto o por su actitud, hay que pensar que tal vez esta en su epoca invernal, y que latente dentro de ella esta eso que la hace distinta, unica, agradable y afin. Solo es cuestion de buscar y esperar. Y darse tiempo para conocer.
No debemos dejar que el dolor de alguna estacion destruya la dicha del resto, no se debe juzgar la vida por solo una estacion dificil.
Como el camafeo de regalo que el sabio le dió a su discípulo cuando este lloraba de dolor en una epoca dificil de su vida, advirtiéndole que solo podia ver el contenido del camafeo pasado un año, y durante algun problema o dolor que sufriera.
Cuando al cabo de un tiempo en una epoca igualmente desesperada, el discípulo abrió el camafeo, encontró solo un papel blanco donde estaba escrito lo siguiente:
"Como aquello, ésto también pasará".

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